El año 2000 es conocido como la revolución de las empresas «.com», es decir, aquellas que se centran en ofrecer productos y servicios para y por el sector online. A partir de aquí, muchas empresas se obsesionan con tener tu página web, reforzando la idea de que «si no estás en Internet, es como si no existieras». El boom de las redes sociales, a partir del 2010, ha permitido estar en Internet, incluso sin tener una página web, un atajo para muchos que, a la larga puede pasar factura. Veámoslo con más detalle.

Los números en cuanto a la de implantación en Internet de las empresas no mienten,  vemos rápidamente que, prácticamente el 100% de las grandes empresas, tienen presencia en Internet, tanto a través de su página web como en distintas redes sociales, pero, a medida que disminuye el número de empleados, también disminuye esta presencia. Son, principalmente, los autónomos quienes descuidan más su presencia en Internet, sobre todo en cuanto hablamos de páginas web.

Disponer de una página web requiere, por supuesto, de una inversión, tanto de tiempo como de dinero. Incluso, aunque “tu primo” pueda hacer una página web, requiere de una dedicación de tiempo importante para conseguir imágenes, textos, fotos, etc. lo que hace que, muchas veces, se opte por descartar esta opción y se recurra a la solución fácil, que no es otra que abrirse una cuenta en alguna red social y operar sobre ella. Pero, si hacemos esto, podemos decir que hemos caído en la trampa.

Redes sociales sí, pero conociendo las reglas del juego

Un red social no deja de ser una empresa, con sus propios intereses que no son otros que ganar dinero. Y, aunque la explotación de los datos personales es un valor muy importante, la forma directa de engordar sus cuentas es a través de la publicidad pagada y, a que no sabes por quién: por nosotros. Y es que, cada poco, escuchamos noticias de que la empresa ha cambiado su algoritmo, para mejorar los resultados de búsqueda de los usuarios, pero a su vez, reduce la visibilidad de las publicaciones de las empresas. ¿Casualidad?

Veamos la estrategia que ha seguido Facebook Inc., empresa que, en estos momentos, domina los medios sociales con sus tres redes sociales principales: Facebook, Instagram y Whatsapp. 

En sus comienzos, Facebook era una red social para conectar a personas entre sí pero, lógicamente, donde están las personas también quieren estar las empresas y, poco a poco, cada vez más marcas empezaron a crear cuentas en esta plataforma. Rápidamente, la plataforma reaccionó y lanzó las Páginas de Empresa, penalizando a aquellas que tuvieran perfiles privados, incluso eliminando sus cuentas si no realizaban el cambio a estas nuevas páginas. En estas páginas se podían realizar publicaciones, igual que se hacía hasta ese momento a través de los perfiles, pero no tardó mucho en oír hablar sobre un nuevo algoritmo que penalizaba alguna de las publicaciones para, poco a poco, limitar su visibilidad. Aquí es cuando, los buenos de Facebook, lanzan Facebook Ads, un servicio de publicidad increíble para que las empresas puedan llegar a sus clientes de una forma muy eficaz, gracias a la increíble segmentación de usuarios que se podía realizar. Acabamos de pasar de poder promocionarse gratis a tener que pagar por ello, una jugada maestra. Tras ello, ha seguido la adquisición de Instagram, la creación de cuentas de empresa en esta red social y la centralización  de su plataforma de anuncios, pudiendo ahora anunciarse en cualquiera de ellas con un mismo anuncio. ¡Toda una revolución (para las arcas de Facebook Inc.)!

La moraleja de este rápido recorrido por la historia de Facebook es que, cuando estás en casa ajena, las reglas no las pones tú, sino que será la otra parte quien lo haga y, normalmente, para beneficio propio.

Por ello, siempre que utilicemos plataformas de terceros, no tendremos control alguno sobre lo que pueda ocurrir en un futuro (cercano) y estaremos a merced de sus intereses propios. Por ello, es importante centralizar todos los esfuerzos que realicemos en aquello sobre lo que sí tenemos el control, que no es otra que nuestra página web. 

Algunas personas inquietas puede que se estén preguntando ¿qué pasa con los algoritmos de posicionamiento de los buscadores que, a fin de cuentas, son los que deciden qué páginas web se muestran en las búsquedas? Es una buena pregunta a la que intentaré dar una buena explicación.

Trabajar para los buscadores o trabajar para las personas

Los principales buscadores, al igual que las redes sociales, disponen de algoritmos que definen qué resultados se muestran por encima de otros, siempre en base a sus criterios, pero también es verdad que, por lo general, muestran resultados oportunos y bien seleccionados.

A diferencia de las redes sociales, los buscadores basan su modelo de negocio publicitario en la posibilidad de aparecer, casi de forma instantánea, en los resultados de búsqueda, mientras que si queremos posicionarnos de forma “orgánica”, una nueva página puede tardar más de 3 meses.

La única fuerza que tiene un buscador es ofrecer buenos resultados a los usuarios, algo que nunca va a cambiar, por lo que, si a través de nuestra página ofrecemos contenido de valor, es casi seguro que estaremos en una buena posición.

Analizando la evolución de los algoritmos de los buscadores, podemos ver que, sobre todo con las nuevas tecnologías de inteligencia artificial, cada vez son más “inteligentes” y nos ofrecen mejores resultados, incluso nos permiten realizar preguntas “reales”. Los algoritmos han pasado de beneficiar a las páginas que se creaban para los propios buscadores (el SEO antiguo con keywords y metadatos) ha beneficiar a aquellas que se crean para los usuarios, con contenido de valor. Actualmente, la importancia de utilizar palabras clave, incluso en artículos extensos, es poco significativa, dando mayor valor a artículos bien escritos y con coherencia.

Tampoco nos podemos olvidar que las redes sociales son la competencia directa de los buscadores, por lo que cada vez es menos común ver, en un resultado de búsqueda de un buscador, una página de una red social. 

Por todo ello, volvemos a concluir que una página web es la mejor opción para nuestro negocio.

La importancia de tener el control

Si aún no has dado el paso a tener tu página web, creo que te he dado motivos suficientes para empezar a focalizar tus esfuerzos en ella, por supuesto sin olvidarte del resto de plataformas (todo suma), teniendo así un el control sobre tu negocio y reduciendo los riesgos de que, por las decisiones de terceros, tu negocio se pueda ver resentido.

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